Nuestra delegada de San Francisco hizo equitación, practica polo y es una pieza clave en el crecimiento de ese Jockey Club cordobés

“En cuatro años me pasó de todo”, asegura Julieta Murgio. Por un instante, mira hacia atrás y no puede creer que tenga tanto por describir sobre lo que ha vivido en los últimos tiempos. Aquella niña que aprendía equitación en el Club Hípico de San Francisco no proyectaba ser esta mujer que, a los 24, convierte los sueños en tangibles e invita a vivirlos con la intensidad con la que los relata. Lo suyo es entusiasmo y pasión.

Hija de un médico naval y una docente, Julieta se crió en una familia ajena a los caballos hasta que se mudaron “enfrente del Club Hípico y se convirtió en el patio de mi casa apenas empezaba a caminar”. Lo marca con orgullo, con sentido de pertenencia. Hoy, ella es la delegada de personal de la UTTA en ese Jockey Club cordobés, donde se ha convertido en una pieza clave para el desarrollo del polo; la Equinoterapia, con cuatro profesionales terapéuticas, y “contagiar la cultura del caballo”, como llama al hecho de que cada uno aprenda a manejar y a asistir al propio, a partir de un trabajo que se intensificó en 2017.

“Cuando papá compró una quinta, el primer animal que tuvimos fue un caballo”, recuerda. Para entonces, junto a sus hermanas Milagros y Rocío había hecho una base yendo a saltar al club. “A los 3 años, andaba; luego, comencé a aprender equitación, pero más grande, a los 14 o 15, ya me gustó más la idea de asistir a los caballos que montaban otros, incluida Milagros. Y a partir de allí, además, como ayudante del veterinario fui tomando más aprendizajes”, amplía Murgio.

Se formó en una escuela Agrotécnica, mientras soñaba ser veterinaria. “Pero para eso debía irme a otro lugar y no se podían pagar dos casas en lugares diferentes. Entonces, estudié para chef, me recibí en tres años y estuve trabajando de eso”, describe, siempre sonriente. En su cabeza, los caballos nunca dejaron de estar. Algunas veces despuntaba el gusto de montar unos mestizos para andar